Música y Moda, esa pareja tan cool


"Cinderella, you are going to the ball"

Si creías que el binomio música – vestimenta empezó con Bianca Jagger y sus modelazos en el Studio 54, piénsatelo de nuevo. La asociación entre lo que se lleva cuando hay música de por medio viene de mucho, mucho antes.

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A principios de este mes, asistimos a la visita temática “Música y moda” en el Museo Lázaro Galdiano. Integrada dentro del festival Madrid es Moda, la visita fue una mirada a la evolución del vestuario femenino, desde los siglos XIII-XIV hasta principios del siglo XX, desde una perspectiva original: ¿qué te pones para asistir a una velada con música?

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¿Es un coro de ángeles lo que oigo?

Pues la respuesta es: depende. Si vivías entre los siglos XIII y XIV, que es de donde partió la visita, lo de escuchar música tenía su riesgo: por su capacidad evocadora, la música podía fomentar la sensualidad y al disfrute de los sentidos, emociones que el cristianismo veía con desconfianza.

Sólo si la musica era, literalmente, celestial e interpretada por ángeles – como muestran innumerables representaciones de la Virgen con el Niño, por ejemplo - podían los hombres sustraerse a sus peligros.

A partir de ahí, aprendimos muchas cosas: por ejemplo, que durante la Edad Media, la Humanidad se viste, pero la Divinidad, simplemente, se cubre.

Esto cambió a partir del siglo XVI. No es un momento para el minimalismo. Por el contrario, cuanta más riqueza y ornamento, mejor.

Dos apuntes: el layering ya lo dominaban las aristócratas de la época. Y los zapatos de plataforma no se inventaron en los años 50 del siglo pasado, sino que en el siglo XVII, las mujeres ya llevaban unos altísimos chapines, con los que caminaban casi a saltitos.

Si no sabes bailar, ni te molestes

En cuanto al baile, esto era un asunto muy serio. Saber bailar era una habilidad esencial en la corte. El baile era protocolario y formal, sí, pero también una de las pocas oportunidades para socializar con el sexo opuesto.

Y aquí es donde música y moda convergen. De esta época es la zarabanda, un baile considerado “lascivo y agitado”, en el que el movimiento de los brazos era fundamental. Y para resaltar el juego de brazos, nada como un vestido de brocado con hendiduras en las mangas que dejen ver las camisas de seda de debajo.

No tenemos una zarabanda para mostraros, pero os ponemos aquí una chacona, que se le parece un poco:

Así llegamos al siglo XVIII. Hay cambios radicales en España: adiós, Austrias; hola, Borbones. Con los Habsburgo se va también su “Total Black”, que será sustituido por el chic francés. Aunque sospechamos que a Carlos IV y a su Mª Luisa de Parma no los redimiría ni M. Dior.

Ellas lo inventaron primero

Ante el retrato de Catherine Stephens, duquesa de Essex y antigua soprano, descubrimos quién inspiró los vestidos semitransparentes de Rihanna y Cristina Pedroche: las Mervelleuses del Directorio. Un grupo de mujeres francesas que prescindieron de enaguas, miriñaques y corsé, para flotar por el París imperial del 1800, envueltas en tejidos vaporosos y poco más.

Cuando tu vestido es revolucionario en más de un sentido

Este estilo escandalizó a los cronistas ingleses de la época - y a algunos de la nuestra también, por lo que se ha visto - interpretando en sus escritos la versión anglosajona de "La ola de erotismo que nos invade".

Sin embargo, como sabemos, esto duró poco. Menos de dos décadas después, los escotes subieron, los tejidos se hicieron cada vez más opacos y regresó la arquitectura a los vestidos femeninos.

Y así, enfilamos la recta final. Llegamos al siglo XIX, con su baile por excelencia: el vals. Que, por cierto, tenía fama de danza inmoral, porque se bailaba agarrao y ya sabemos lo que eso conlleva.

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Una vez más, una velada de baile era una oportunidad para hablar, hacer negocios o concertar matrimonios. Una vez dejada atrás la época victoriana, los vestidos, a principios del s. XX, se hacen más fluidos, permitiendo una mayor libertad de movimientos, pero el corsé permanece. Al menos hasta la Primera guerra Mundial, que cambiará el mundo para siempre.

Y hasta aquí, este recorrido por la moda de los siglos pasados y la música que la acompañaba. Después de ver esto, se puede constatar que la moda, o al menos las fuentes de la que bebe, es cíclica.

De los corsés de Teresa Helbig a las plataformas de Prada o Dolce e Gabbana; del Lindy Hop al tango, hay toda una serie de influencias que se superponen para que cada temporada todo parezca nuevo y a la vez, familiar. 

 

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