Slow Beauty - Respira hondo


Un manifiesto por la belleza reposada

Llevas 45 minutos encerrada en el baño. Alguien te desliza una nota por debajo de la puerta:

"Llevas muchísimo tiempo ahí dentro ¿Te ha pasado algo? Responde, por favor. Prometo no contar más chistes sobre Donald Trump".

Finalmente, abres la puerta y sales. Necesitabas un rato a solas contigo misma, dices. Pero esa no es la solución. Eso que has hecho no es "Me time"; ni siquiera puede considerarse una reivindicación de la famosa habitación propia de Virginia Woolf. No, lo que ha pasado es que has solicitado santuario en tu propio baño. Y eso no puede ser. 

Necesitas una dosis de reposo. Necesitas practicar el Slow Beauty.

La lentitud también puede ser una virtud

La velocidad está bien si eres el Correcaminos o el Correo del Zar. La intervención rápida es el pan de cada día de los cirujanos y los GEOS. Sin embargo, otras actividades, como los cuidados de la piel y el cabello, requieren calma.

El movimiento Slow Beauty defiende un concepto holístico de la belleza que combina las rutinas de cuidado de la piel con un estilo de vida saludable y activo, como forma de alcanzar un equilibrio entre el cuerpo y la mente. Es un enfoque novedoso, alejado de los remedios-milagro y de los tratamientos agresivos o invasivos.

Para Bliss á Porter, esta filosofía se traduce en adoptar una rutina basada en la constancia y la prevención. Se trata de dedicar un tiempo diario al cuidado de la piel con cosméticos específicos que además, sean un disfrute para los sentidos.

Los productos pueden venir de oriente o de occidente; ser ligeros o untuosos; pueden estar delicadamente perfumados o libres de aromas. Adoptamos una actitud abierta: se trata de utilizar los cosméticos que proporcionen a nuestra piel lo que necesita, al tiempo que nos ofrecen una sensación placentera

La rutina de cuidados no tiene por qué ser ni larga ni complicada, pero es importante respetarla escrupulosamente. De ese modo, no sólo estamos cuidando nuestra piel como es debido y de forma sostenida, sino que además, estamos aprovechando para relajarnos y reconectar con nosotros mismos.

Practicar el Slow Beauty implica, ante todo, respirar hondo, reducir el ritmo frenético que a veces impregna todas nuestras acciones y concentrarnos en alcanzar un bienestar duradero a todos los niveles.

¿Y esto, cómo se hace?

Ante todo, supone entender que la belleza es un concepto cambiante y a largo plazo. Una rutina Slow Beauty no detendrá el paso del tiempo, pero nos ayudará a mantener nuestra piel sana y cuidada a lo largo de nuestra vida.

En ese sentido, gestos como la aplicación de protector solar a diario, la limpieza y nutrición de la piel al finalizar el día y la exfoliación regular contribuyen a que nuestra piel se mantenga sana y con aspecto joven por más tiempo.

En línea con lo anterior, esta filosofía nos confiere una mayor autoaceptación: no se trata de ser la más guapa, ni de parecer la más joven. Se trata de ser la mejor versión de nosotros mismos en cada momento. Esto aleja al fantasma de la frustración y evita que nos obsesionemos con la consecución de objetivos imposibles.

Al bajar el ritmo y dedicarnos unos momentos al día a nosotros mismos, despejamos la mente de los problemas y nos concentramos en realizar un gesto pequeño, pero relajante.

Afrontar el cuidado de la piel como algo placentero y no una obligación más, contribuyen a rebajar nuestro nivel de stress; nuestra piel mejora su aspecto y condición gracias a los cuidados cotidianos y nuestro estilo de vida se hace más equilibrado.

Todo esto contribuye a que afrontemos la existencia con una mayor serenidad y satisfacción. Porque se trata de apreciar el aquí y ahora, al máximo.

 


Dejar un comentario


Por favor tenga en cuenta que los comentarios deben ser aprobados antes de ser publicados